:: RAZONES PÚBLICAS ::

18 agosto 2011

Ciudad Capital

Filed under: General,Libros — mjbravo @ 11:10

Como el artesano entrega su obra, Esteban Escalona (Talcahuano, 1975) forjó con mucha dedicación este libro que reúne varios cuentos con historias reconocibles, profundas y entretenidas. Con esa dedicación que pone el artesano, por varios años preparó esta colección y entrega para nuestro disfrute.

Ya es posible adquirirlo vía internet en www.chancacazo.cl y en los próximos días en:

Libreria Ulises, Libreria Altamira, Libreria Takk, Libreria Quimera, Fondo de Cultura Económica, Libreria Prosa & Política, Libreria Metales Pesados, Libreria Ciudad Letrada… También se podrá encontrar en Concepción.

Felicitaciones al novel autor y lo mejor en su nuevo camino. (O nuevos caminos.)

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Cómo llegué a esto

Cuando niño disfrutaba inventando juegos y canciones que relataban historias de seres imaginarios. Nací en Concepción un 15 julio de 1975. La primera novela que leí fue un regalo de mi padre: Dos años de vacaciones de Julio Verne, y pedí más. Durante mi adolescencia encerrado en mi dormitorio, descubría el mundo leyendo novelas de Coloane, Lovecraft, Poe, y otras que encontraba en la misteriosa biblioteca de mi padre. En los cuadernos de clase escribía frases sueltas, poemas, decía yo. Necesitaba inventar. Al salir del colegio, me prometí ser escritor, pero antes debía entrar a la universidad. Entonces toqué en un grupo rock, actúe en teatro, fui director de la revista de mi carrera, disfruté leyendo a García Márquez, Vargas Llosa, Conrad, Chéjov, y otros que adquiría usados, recuerdo estar siempre con un libro en la mano. En el año 1998 terminé mi carrera de contador auditor en la Universidad de Concepción. Me vine a Santiago y comencé a trabajar en las mejores consultoras con los peores sueldos. Arrendé una pieza y me enfermé de gastritis, me sentí solo, dejé de leer, dejé de crear, deje de soñar. A los 29 años me acordé de la vida y dejé de lado mis estudios de magíster para dedicarme a escribir. A esa edad, por fin, comprendí que escribiendo soy completamente feliz.

CIUDAD CAPITAL representa un compendio singular, de una calidad y simpleza notable, tan descriptivo como emocionante. Esteban Escalona ha logrado un libro de cuentos sin aspiraciones o, mejor dicho, sin otra aspiración que la de contar bien una historia, dejándonos, hacia su fin, magnetizados y reflexivos.

Contratapa por Marta Blanco

Esteban Escalona es un escritor sin antecedentes literarios. Contador, pareciera que la palabra de su profesión traía en semilla su segunda acepción, pues a Escalona lo que le gusta es escribir. Y no le es fácil. Hombre tímido, inteligente, esforzado, trabajó en estos cuentos sin descanso. Y cuando descubrió el peligroso y necesario afán de corregir, le embrujó el cambio, la sorpresa, el trabajo de juntar la idea con la palabra precisa, sin por ello descontar, literariamente hablando.

A él lo que le gusta es la gente. Sus vidas. Sus congojas. Buscar palabras es un embrujo peligroso y salió de él con esfuerzo y más sabiduría. No la luce. La esconde en estos personajes tan diferentes y vitales, tan vivos y tan solos, gente de la CIUDAD CAPITALadonde llegó un día. Miró y miró, escuchó y comenzó a contar. No solo lo que ve es lo que cuenta. Imagina, se delata a veces y a veces devela mundos que no suelen sernos habituales.

El burgués gentilhombre de provincia no aquieta su erotismo ni su compasión y es muy efectivo en el uso del humor. Escritor que quebró la barrera del silencio, publica cruzando el Rubicón de su pudor, y con este libro promete más cuentos, mentiras y verdades, ilusiones y visiones. La imaginación lo alienta, el trabajo lo entusiasma y la gente sobre la que cuenta, es digna de ser contada.

Quizás solo porque nadie ve a los seres nacidos para ser invisibles en un mundo ingrato, ajeno, tan miserable con el débil, el pobre, el viejo, el solitario. Esteban Escalona los saca a la luz. Nos hace reír y nos hace pensar. Es más escritor que joven, pues escribir se asienta con los años, mientras la juventud es apenas una enfermedad que se pasa… con los años.

Vale la pena leerlo para recordarnos que el mundo no solo somos nosotros, sino aquellos que no vemos, no consideramos, no existen en la presurosa vida capital contemporánea. Ese es su mérito. Contar lo invisible, lo ignorado: la vida en su más amplio sentido.

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